Satoru Iwata: presidir jugando

Satoru Iwata Opinión

El presidente de una gran multinacional aparece en un vídeo promocional de la compañía enfrentándose al presidente de su división norteamericana a base de puñetazos y patadas voladoras. En otra pieza de marketing, grita mientras es absorbido literalmente por la consola portátil de videojuegos que acaba de presentar. Satoru Iwata fue el presidente de Nintendo que se encargaba de anunciar personalmente un videojuego de Luigi disfrazándose de su personaje protagonista. El que hizo que una marioneta con su aspecto le sustituyera durante su última edición de la feria E3 tras ausentarse por segundo año consecutivo del gran escaparate de Los Ángeles debido al tumor en el conducto biliar que finalmente le quitó la vida el 11 de julio de 2015, a los 55 años de edad.

“Alguna gente puede verme como un presidente ligeramente extraño. Pero creo que tiene un significado tremendo para mí ser capaz de hacer y continuar haciendo cosas que sólo yo puedo hacer, así que continuaré buscando cosas nuevas con las que pueda contribuir”. Así justificaba Iwata en una entrevista a TIME ese particular estilo con el que dirigió durante doce años la empresa de videojuegos más influyente y prolífica del sector. Un estilo que dejaba claro que, ante todo, le encantaba jugar. “En mi tarjeta de negocios soy un presidente de compañía, en mi cabeza soy un desarrollador de juegos, pero en mi corazón soy un jugador”; como él mismo se definió durante su conferencia en la Game Developers Conference en 2005. Porque a Satoru Iwata le apasionaban los videojuegos.

Más de una década después de su nacimiento en la ciudad japonesa de Sapporo ya programaba videojuegos con sus compañeros de instituto utilizando una calculadora electrónica. Tras mudarse a Tokio y graduarse en la más prestigiosa universidad tecnológica de Japón, Iwata comenzó a trabajar en HAL Laboratory en 1982. Su padre se opuso a que el joven Iwata dirigiese su carrera hacia un trabajo de programador de videojuegos en una pequeña empresa. Pero a Iwata le movía la pasión. Y durante los próximos años pudo vivir de ella, programando juegos como The Adventures of Lolo o Balloon Fight en estrecha relación con Nintendo, que hizo de HAL una de sus principales empresas colaboradoras. Acabó convirtiéndose en presidente de HAL y su liderazgo y talento para la programación fueron claves para el nacimiento y consolidación de franquicias como Kirby y Super Smash Bros.

Con el cambio de siglo llegó un cambio en su vida: el entonces presidente de Nintendo, Hiroshi Yamauchi, decidió contratar a Iwata directamente para que formara parte de las decisiones corporativas. En 2002, Yamauchi anunció su retirada y designó a Satoru Iwata como su sucesor. Se convertía así en el cuarto presidente de la historia de Nintendo y el primero sin lazos familiares con los Yamauchi que fundaron la compañía. Pero sobre todo en un presidente único en la historia de Nintendo y en la industria del videojuego. El programador convertido en presidente consiguió con las consolas Wii y Nintendo DS lo que nadie había programado: que abuelos y nietos jugaran a la consola juntos, que los videojuegos llegaran a gente que pensaba que eran algo peligroso, para adolescentes antisociales. Que incluso pudieran ser beneficiosos para la salud. Mientras los salones se convertían en campos de golf virtuales, el número de jugadores se multiplicó, así como el valor de las acciones de Nintendo. El cambio de enfoque se extendió también a la forma de comunicar de la compañía: primero con los Iwata Pregunta, convirtiéndose sin ser periodista en el artífice de las mejores entrevistas que existen a desarrolladores de Nintendo; después volviendo a prescindir de los periodistas como intermediarios para revelar a todo el mundo en directo y en abierto sus nuevos productos en los Nintendo Direct.

Mantuvo con Wii U y Nintendo 3DS el rumbo del entretenimiento familiar y la diferenciación de la competencia en un momento en el que la compañía presentaba pérdidas por primera vez en décadas. Las flojas ventas de Wii U hicieron atravesar a la empresa un bache financiero que acabó con los inversores indignados y con Iwata rebajándose drásticamente el sueldo como forma de responsabilizarse de lo sucedido. Por ello estaba preparando a la compañía para uno de los mayores cambios de estrategia en su historia, anunciando que Nintendo desarrollaría juegos para smartphones, licenciaría franquicias legendarias como Super Mario y Zelda para crear parques de atracciones y entraría en el mercado de los dispositivos de salud, además de preparar una nueva consola de nombre en clave NX con la que volverían a intentar darle un vuelco al mercado con un nuevo concepto.

Pero hay algo que ni siquiera Iwata fue capaz de programar.

Los millones de jugadores a los que llegó Direct al corazón con sus juegos y sus simpáticos videos promocionales no han dejado de sentir la pérdida del presidente que hizo que hasta sus anuncios parecieran un juego. Nintendo significa “deja la suerte en el cielo”, y ha vuelto a dejar allí a una persona trascendental en la historia del videojuego.

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